miércoles, 9 de mayo de 2012

  
El  castillo-palacio Vélez blanco
El protorrenacimiento español que pone de moda los repertorios ornamentales cuatrocentistas de tradición Lombarda por la geografía peninsular tiene en el castillo palacio de Vélez blanco uno de los monumentos más singulares. Casi coetáneo del de la Calahorra, abren ambos la etapa de intervención directa de artistas foráneos sobre todo italianos, en la arquitectura renacentista hispana.
                                           
Joya única en el acervo artístico almeriense, nace por la voluntad de un gran señor, D. Pedro Fajardo y Chacón primer marqués de los Vélez blanco y adelantado mayor del reino de Murcia evidenciando una vez más el papel desempeñado por las más linajudas y poderosas familias españolas en la introducción del Renacimiento italiano.

Decidido a convertir a Vélez blanco en centro de sus posesiones almerienses y sede una pequeña corte, ordena a derivar la vieja fortaleza musulmana e inicia la edificación del castillo en 1506. el palacio incrustado en él se labró entre 1512 y 1515. la singularidad de la construcción surge de los enormes contrastes que se dan entre los aspectos constructivo-defensivo del castillo por un lado, y los elementos suntuario-decorativo del palacio por otro.

En efecto en contraposición al de la Calahorra donde incluso la propia concepción de la planta casi regular y de su volumen cúbico con independencia de su contenido interior nos lleva a planteamientos formalmente renacentistas el castillo velezano es una gigantesca máquina militar cuya planta se adapta al sinuoso perfil de la cima del altozano donde se eleva atenuando con algunos detalles su aire guerrero, pero ofreciendo todos los elementos ofensivo-defensivos de que están dotados estos organismos.

La opinión mas generalizada respecto a los artistas que llevaron a cabo la obra del palacio parte de la expresada D. Manuel Gómez Moreno quien atribuye su labra a la mano del arquitecto y escultor italiano Francisco Florentín que explotaba las canteras de Macael y que más tarde trabajaría en Granada y Murcia a él asocia la figura de Martín Milanés y otros artistas de la misma nacionalidad. Chueca Goitia escribe que "el orden del cuerpo alto sobre pedestales la balaustrada y los escudos de los injutas emparentaban con el arte de Michele Carlone" cuya presencia está documentada en la Calahorra. El conocimiento que actualmente se tiene de la obra velezana es más profundo merced al estudio que le ha dedicado la investigadora norteamericana Olga Raggio. Llega a la conclusión  de que hubo en su concepción dos ideas que se superponen: una gótico-morisca que evidencia un espíritu semejante al de la capilla de los Vélez en la catedral de Murcia por lo que deduce que pudo ser autor de ambas el mismo artífice;

Otra que respira clasicismo que afecta especialmente a la decoración y que obliga a pensar en manos diferentes. En un momento dado posiblemente en  la vista de don Pedro Fajardo al palacio del pariente de su esposa le impulsó a cambiar de artistas utilizando probablemente el mismo equipo de italianos empleados en la Calahorra. Teniendo en cuenta que Michele carlone se marchó probablemente en  este equipo lo comprendían la capataz Egidio de gandría y sus órdenes Giovanni y Baldassare de gandría y Pietro Antonio de Curto de Carona. Por el momento el único artífice documentado es el albañil Francisco Fernández el Valencí, autor de los aljibes de ambos palacios.

La estructura militar presenta dos cuerpos perfectamente definidos. Uno auxiliar situado al sur de planta rectangular y muros de ladrillo y argamasa y dotado de artillería. Un puente levadizo salvaba la distancia que lo separaba de la entrada principal del castillo.

Una puerta de cantería con dintel adovelado ornamentada con un gran escudo de los Vélez da acceso al castillo. Tiene planta hexagonal irregular que se alarga de norte a sur y sus muros presentan un aparejo donde se hace profusión de la mampostería aparejada y la sillería. Las torres de volúmenes variados tienden a concentrarse especialmente en los dos extremos del conjunto  en torno a la entrada principal y a la torre del homenaje. Sobre la roca viva que le sirve de asiento los muros alcanzan extraordinaria altura de forma que en algunos puntos se contabilizan tres niveles de vanos. El inferior supone la posibilidad de aprovechar algunos espacios en la plataforma de nivelación. Los dos niveles siguientes corresponden a las plantas principales y aún más sobre ellas se sitúa el adarve protegido por su parapeto almenado; las almenas van pareadas y rematan en bolas pétreas. Las torres que acompañan la entrada principal son muy airosas y aparecen caladas a nivel de la planta noble por vanos de medio punto en cada frente constituyendo una especie de mirador.

 En el extremo opuesto se sitúa la impresionante mole de la torre de homenaje con la base reforzada por un escarpe en la parte externa y rodeada de elementos defensivos de soluciones llamativas: una especie de torre alabrrana unida al conjunto por un arco, otro arco almenado que enlaza dos salientes de la fortificación por delante de la torre del homenaje cobijando una poterna abierta en el muro. El cuerpo central se abre a levante hacia la villa por una bella galería con pórtico de arcos escarzanos sobre pilares hexagonales ornados de bolas que se halla en la línea de las de los castillos del gótico tardío. El flanco de poniente es macizo y está también reforzado por torres.


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